Archive for ‘comunicação social’

8 de abril de 2011

Elogio de La Lectura (fragmentos de Vargas Llosa)

(…) Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.

Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.

La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.

(…)

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24 de janeiro de 2010

A Internet e os artigos científicos

Os fundamentos da redação científica tiveram importantes transformações nos últimos anos, mas essas mudanças ainda não foram integralmente assimiladas por grande parte dos pesquisadores, que reproduzem – e muitas vezes ensinam – equívocos teóricos e conceituais que podem até mesmo retardar o avanço da ciência.

Essa é a opinião de Gilson Volpato, professor do Departamento de Fisiologia do Instituto de Biociências de Botucatu da Universidade Estadual Paulista (Unesp), que em seu novo livro, Pérolas da redação científica, analisa criticamente 101 equívocos comuns – ou “pérolas”.

Volpato vem apresentando pelo país cursos sobre redação científica e publicou outros cinco livros sobre o assunto, sendo o mais recente desses Bases teóricas da redação científica … por que seu artigo foi negado, lançado em 2007.

“Apresento quase um curso por semana sobre o tema, procurando ajudar pesquisadores a conseguir publicações em revistas internacionais de alto nível. Mas também há muitos que, de forma involuntária, têm feito o serviço contrário. Desenvolveu-se, no Brasil, uma cultura de publicação equivocada. Boa parte dos artigos nacionais, mesmo com tradução correta, será recusada em revistas importantes, por terem equívocos conceituais”, disse à Agência FAPESP.

Com a experiência acumulada nos cursos e em seu convívio com o meio acadêmico, Volpato decidiu produzir um inventário dos principais equívocos da redação cientifica. “A ideia foi abordar os erros mais gritantes. O resultado foi essa coleção de ‘pérolas’ da cultura nacional de publicação”, disse.

Na obra, o autor analisa os equívocos, faz conjecturas sobre suas origens, discute suas consequências na prática e oferece correções com base nos padrões internacionais de produção científica.

Segundo ele, os conceitos de comunicação no setor sofreram grande mudança a partir da década de 1990, que se acentuou ainda mais nos últimos dez anos, em parte por causa do advento da internet.
(…)

Especiais:Como não fazer um artigo -8/1/2010

Por Fábio de Castro

Leia a continuação na Web da Agência de Notícias da Fapesp

3 de outubro de 2009

Na Trilha da Cultura do Compartilhamento: comunicação social e sociologia do conhecimento

Artigo de Jacob (J.) Lumier divulgado junto ao OpenFSM

Na medida em que se trata da apreensão do ciberespaço como redes de redes, a Teoria de Comunicação Social se insere no contexto da cultura da tecnologia como fenômeno social global levando ao surgimento da sociedade de informação e por esta via consagrando o princípio de virtualidade real, de que nos falou Manuel Castells (Castells, 2003) [3].

A Teoria de Comunicação Social dá expressão ou reflete esse processo de formação, e o faz voltada para a indústria cultural (esta é mais antiga, vem dos anos vinte) que é um dos setores dessa cultura da tecnologia (em inelutável expansão inelutável desde os anos cinqüenta).

A sociedade de informação é uma unidade coletiva surgida com o desenvolvimento tecnológico, cuja obra a realizar é o desenvolvimento das tecnologias da informação, para o que, conforme assinalou Vicente Ortega em artigo de TELOS em 2004, articula os três âmbitos mencionados por Arnold Pacey no livro The Culture of Technology, publicado en 1983.

Vale dizer, as relações entre as tecnologias e as sociedades dão lugar a um sistema combinando tres ámbitos o aspectos: el científico-técnico, el organizacional y el cultural.

El primero aspecto incluye el conocimiento científico-técnico experimental, los procedimientos y habilidades técnicas, las fuentes de energía, los recursos naturales, las máquinas, aparatos y herramientas, etc.

El segundo ámbito engloba los conocimientos y las actividades económicas y empresariales, sindicales y profesionales, las administraciones públicas y organizaciones de consumidores y otros aspectos parecidos propios del mundo de la economía, los servicios y la gestión.

Por último, el ámbito cultural comprende aspectos más generales e indefinidos como los fines, los valores, las creencias, las costumbres, las ideas de creatividad, riesgo, progreso, etc., que constituyen el caldo de cultivo predominante en una determinada sociedad.

Do ponto de vista assim localizado, a sociedade de informação aparece como instância do “desarrollo tecnológico sostenible de las tecnologías de la Información”, sendo representada em seus fins ideais (1)-como foco de “nuevos tipos de información y nuevos servicios que contribuyen a un cambio de hábitos culturales que tienden a modificar los comportamientos sociales”; (2)-como un “estadio del desarrollo de la sociedad caracterizado por la capacidad de sus miembros –individuos, organizaciones e instituciones– para crear, procesar, comunicar, obtener y compartir libremente cualquier tipo de información, en cualquier lugar y en cualquier momento”; (3)- a que se conjugam, como necessárias, “las infraestructuras, sistemas y servicios de telecomunicaciones e informática, es decir las tecnologías propriamente ditas[4].

Portanto, a sociedade de informação em seu caldo de cultivo, afirma uma ideologia ou um discurso como expressão de seu vínculo estrutural e recíproco ao desenvolvimento das tecnologias da informação.

É desse “caldo de cultivo” que, como veremos adiante, participa a Teoria de Comunicação Social na medida em que, por sua vez, se afirma dentro da sociedade de informação e não vê as sociedades além desta, como o pluralismo cultural e lingüístico, por exemplo, que escapa ao seu domínio intelectual.

A sociedade de redes de informação é um aprofundamento na cultura da tecnologia (consagra como foi dito o princípio de virtualidade real). Todavia é preciso levar em conta que a apreensão do ciberespaço, base dessa cultura da tecnologia, não se dá indiferentemente aos conteúdos sociais comunicados.

Nem é indiferente aos temas percebidos (como as próprias relações entre tecnologias e sociedades), às línguas ou às significações nelas e por elas apreendidas.

Na verdade da experiência humana as criações e os produtos segregados no ciberespaço como virtualidades reais desdobram-se desses conteúdos, desses temas percebidos, ainda que se possa observar o surgimento da atividade de “conteudista de software” invertendo aparentemente a ordem das funções, mas consagrando a prioridade e a anterioridade dos conteúdos comunicativos.

A Teoria de Comunicação Social, como discurso da cultura da tecnologia voltado para apreciar as situações surgidas nas redes de redes, trata seu objeto (a mensagem, o mediu, a mídia) sem considerar as línguas em que as informações são comunicadas em texto, nem a determinação que a particularidade das línguas impõe aos conteúdos ou constitui os conteúdos.

Dá por suposto que a língua dos conteúdos informativos é tão formal ou indiferente quanto os algoritmos da linguagem tecnológica ou digital que constitui o meio (software, por ex.). Supõe um monismo da língua nas informações.

Neste sentido, a recolocação do tema e do problema das relações entre tecnologias e sociedades, acentuando o aspecto da variedade nessas relações, passa pela discussão sobre a Teoria de Comunicação Social em face do pluralismo cultural e lingüístico.

Note-se que do ponto de vista do pluralismo há uma relativa autonomia dos conteúdos. Vale dizer, é legítimo tratar ou classificar as informações desde o aspecto temático e distinguir assim, por diferença da sociedade da informação à qual estão ligadas como as suas regiões diferenciais, as sociedades do saber, nas quais os conteúdos informativos são realçados nas classificações variadas, em face dos critérios exclusivamente tecnológicos ou das situações econômicas típicas resultantes das dinâmicas das redes de redes na Internet.

O pluralismo cultural e lingüístico torna possível perceber ou dar expressão às relações entre tecnologias e sociedades com anterioridade ao sistema da cultura da tecnologia (os três âmbitos mencionados), isto é, como sendo um conjunto de relações que não se reduz ao nível do que é produzido nesse sistema, mas introduz um princípio de variabilidade no mesmo. Tal o quadro de referência que permite uma apreciação crítica das premissas na Teoria de Comunicação Social.

Deste ponto de vista, podemos constatar que o estudo das relações entre tecnologias e sociedades sendo feito com atenção ao pluralismo leva a assinalar não só várias ambigüidades no sistema da cultura tecnológica, mas, por esta via, permite realçar certas alterações na linha do desenvolvimento das tecnologias da informação.

Lembre-se a este respeito que: “la posición de fuerza de los medios de comunicación en el comercio externo está relacionada, por un lado, con la buena comercialización de sus productos (cine, radiotelevisión, vídeo) y, por otro, con la capacidad que tienen éstos para generar audiencias sobre la base de una relación calidad/precio competitiva. Pero en ambos casos dependen en su mayor parte de las características del mercado interno”.

Como se sabe, “El año 2001 estuvo marcado por un neto decrecimiento del mercado mediático tras diez años de continua expansión. La causa principal fue la reducción de un 6,2 por ciento de la inversión publicitaria La crisis alcanzó al uso instrumental de los productos de la industria del copyright pero no a su mercado de consumo, que en su mayor parte continuó creciendo. A pesar de la fuerte caída de las inversiones publicitarias –que no se había registrado de forma tan pronunciada desde la II Guerra Mundial- el gasto de los consumidores en medios de comunicación continuó creciendo, registrando un aumento del 6,5 por ciento con respecto al año precedente” (cf. Richeri, 2004).

E Richeri prossegue: “La importancia estratégica de las industrias del copyright no solo se debe a que se trata de uno de los segmentos más dinámicos de la economía estadounidense, o al hecho de que hoy parece desempeñar, en el desarrollo económico general, el mismo rol que la industria pesada en épocas pasadas. Su importancia se debe sobre todo al hecho de que esta indústria ha alcanzado un nivel de expansión internacional muy elevado, y al hecho de que sus productos –mucho más que cualquier otra clase de producto– se caracterizan por su doble valor económico y socio-cultural”(ib.ibidem). E este autor mencionado nos lembra ainda que a relevância dessa última característica “es evidente si se tienen en cuenta las iniciativas que la Unión Europea está tomando para reforzar la competitividad de sus productos y para elevar las barreras de entrada a los productos norteamericanos” (ib.ibidem).

Constata-se a vulnerabilidade da indústria do copyright: como consecuencia del uso de Internet para intercambiar y distribuir gratuitamente ‘entre pares’ (peer to peer) nas redes P2P, atingindo não só aos CD musicais, mas, “con el desarrollo de las redes de banda ancha, a otros sectores como el de la industria cinematográfica” (ib.ibidem).

Desta forma, chega-se à conclusão de que “estas nuevas formas de liberación espontánea de los flujos internacionales de “información”, como consecuencia del desarrollo de las redes y servicios de telecomunicaciones, plantea nuevos problemas al menos sobre dos frentes: el de las empresas que poseen y gestionan el copyright y ven amenazados sus ingresos; y el no menos importante relacionado con el incremento de los desequilibrios en los intercambios internacionales, los cuales se profundizarán a través de las nuevas redes y serán difíciles de evaluar y regular, como lo viene intentando la Unión Europea desde hace tiempo”(ib.ibidem).

De fato, é neste ponto que a Teoria de Comunicação Social encontra o tema que lhe dá projeção como teoria conjetural. O estudo das redes de redes introduz na sociedade de informação um quadro diferencial que exige uma apreciação mais ou menos profunda para ser compreendido.

Aos olhos da Teoria de Comunicação Social os programas peer-to-peer (P2P), como eMule, Gnutella, eDonkey, BitTorrent e outros tantos permitiram que, de conteúdos compartilhados nos servidores, a rede se estendesse desde a base dos 340 milhões de computadores ligados à rede (junho de 2005) para os computadores pessoais dos usuários da rede, ou seja, estendendo o intercâmbio de conteúdo para outras 910 a 940 milhões de máquinas em uso (eTForecast, 2005). Trata-se de uma quantidade gigantesca de informação que flui de forma descentralizada e frenética pela rede (apud Machado, 2005).

No estudo dessa situação da indústria cultural na sociedade de informação e por efeito desta, a Teoria de Comunicação Social não só nos oferece:

(a) – uma descrição da mentalidade no círculo social dos administradores e usuários das redes de redes, à qual chama “cultura do compartilhamento”, mas, por esta via, sem esclarecer sobre as competências próprias às tecnologias, nos deixa ver:

(b) – uma noção do conhecimento como conteúdo impresso ou gravado e comunicado nos produtos da indústria cultural (o que nos anos sessenta e setenta chamava-se “mensagem” – o meio é a mensagem), bastante submetida ao ponto de vista da tecnologia da informação e ao aspecto quantitativo;

(c) – além disso, a Teoria de Comunicação Social põe em relevo as mudanças verificadas no complexo sistema de produção, distribuição, logística, planejamento que envolvia as relações entre o produtor / autor e o consumidor na indústria cultural.

Quer dizer: tomadas em conjunto, as tecnologias da informação e comunicação e a dinâmica da Internet, tanto pela introdução do suporte virtual quanto pela expansão das redes “P2P”, tiveram várias conseqüências levando a quebrar o elo em torno da função de fazer o conhecimento / informação / mensagem chegar ao cidadão / consumidor, que, muitas vezes, era uma função assumida pelas editoras e gravadoras com suporte convencional.

Uma dessas conseqüências foi de colocar em xeque a propriedade do conhecimento, pois “qualquer obra humana que possa ser convertida em bits pode ser reproduzida indeterminadas vezes e facilmente distribuída”; em face dessa qualidade, inverteu-se o procedimento da comercialização passando-se a falar mais em “vender o suporte do que a informação”, tendendo-se a “pagar apenas pelos átomos”; além disso, observou-se o surgimento, nesse âmbito digital, de uma comunhão de bens culturais, técnicos e científicos considerados ‘públicos’ (…) em que “o único constrangimento para a reprodução, distribuição deve ser o controle do autor sobre a integridade de seu trabalho e o direito de sua propriedade intelectual e devida citação” (ibidem Machado, 2005).

Deste modo afirma-se a exigência em rever os papéis econômicos, para o que a Teoria de Comunicação Social sugere que o contexto configurado pelos programas peer-to-peer (P2P) seja tomado como modelo. Estaríamos diante de um contexto em que “a informação e, principalmente, o conhecimento são tanto insumos como produtos cada vez mais importantes para a produção cultural, econômica, artística, intelectual e, assim, para o desenvolvimento econômico e social”, estabelecendo-se a configuração de “um novo paradigma da difusão e construção do conhecimento”, o qual seria observado no “compartilhamento através das redes de criação e inovação”.

Nos termos da Teoria de Comunicação Social esse modelo principal de análise e interpretação é o seguinte: “O compartilhamento do conhecimento tem sido a base da inovação e da produção de novos conhecimentos. As modernas tecnologias de informação e comunicação proporcionam ferramentas inovadoras para o intercâmbio de conhecimento em nível global e em tempo real; consolida-se cada vez mais uma cultura do compartilhamento, baseada principalmente nas comunidades de interesses e, cada vez mais, na troca entre particulares – nas redes do tipo P2P” (ibidem Machado, 2005).

Na realidade, o que a Teoria de Comunicação Social quer dizer quando nos fala de um novo paradigma de construção do conhecimento não é tanto o fato de que as tecnologias da informação possibilitam que o conhecimento técnico seja construído em seus conteúdos lógico-numéricos pelas próprias ferramentas tecnológicas, ou que as tecnologias sejam construídas pelas próprias tecnologias (os computadores constroem computadores, robôs constroem robôs), mas, simplesmente, que, ao quebrar-se o elo convencional em torno da função de fazer o conhecimento/informação/mensagem chegar ao consumidor, a difusão desse conhecimento, tal como disponibilizado na indústria cultural, passa a sofrer os efeitos das redes de redes, de tal sorte que “o compartilhamento desse conhecimento tem sido a base da inovação e da produção de novos conhecimentos”.

Portanto, a noção de “construção” do conhecimento é empregada no sentido preciso de que o conhecimento / informação / mensagem não é mais imposto desde cima pela indústria cultural, mas o usufruto do mesmo como conteúdo impresso / gravado socialmente comunicado resulta do círculo dos administradores e usuários das novas tecnologias da informação, sobretudo do compartilhamento e das trocas entre os particulares decorrente das novas redes de redes P2P.

Admite-se, então, que esse conhecimento / informação / mensagem assim difundido e desfrutado em redes de redes introduz novas referências para a compreensão dos papéis na indústria cultural, já que, por sua vinculação direta aos meios tecnológicos de difusão da informação, ou como extensão desses meios, sobretudo pela magnitude do seu volume e rapidez, adquire um valor econômico próprio que anteriormente não se verificava.

Daí falar-se em conhecimento-insumo e em conhecimento-produto para chegar a uma análise dessa situação em que, como foi dito, “uma quantidade gigantesca de informação flui de forma descentralizada e frenética pela rede”.

Quer dizer, trata-se de uma configuração particular do conhecimento técnico como atividade de selecionar e classificar as informações recebidas das redes com o fim de fabricar, confeccionar ou elaborar produtos que retornem as informações para as redes, num encadeamento sucessivo e ininterrupto, no qual toda a informação já é um conhecimento técnico, já é uma atividade de selecionar e classificar informações em redes.

Esse conhecimento é então tornado informação por seu estatuto duplamente instrumental nessa corrente circular (a informação como conhecimento-insumo e conhecimento-produto e vice-versa) e todo o consumidor / usuário vem a ser de alguma maneira autor / produtor cultural e vice-versa, com todos esses papéis revertendo em benefício do desenvolvimento sustentado das próprias tecnologias da informação. Tal o seu valor econômico.

Portanto, a novidade não é tanto o incremento do conhecimento técnico, que já é predominante nos tempos modernos, mas, sim, a mudança dos papéis econômicos na indústria cultural em decorrência desse incremento, os quais, como dissemos, passam a reverter em benefício do desenvolvimento das tecnologias da informação / comunicação, pressionando não só a indústria cultural, mas toda a indústria do copyright.

A Teoria de Comunicação Social sofre, pois, os efeitos dessa pegada das tecnologias da informação /comunicação e nos deixa ver seu componente discursivo na sua própria maneira de formular tal configuração particular de um conhecimento técnico com acréscimo de valor no sistema cognitivo.

Ela o representa em termos de “conhecimento-insumo” e de “conhecimento produto”, e promove desse modo, nessa representação, os valores do utilitarismo (não é tanto o conhecimento que importa, mas a utilidade da atividade classificadora –como insumo– para o desenvolvimento das tecnologias da comunicação, considerado como um progresso benéfico).

Vale dizer, a Teoria de Comunicação Social posiciona-se em face da potenciação do conhecimento técnico como atividade classificadora em redes, diretamente exercida no prolongamento das próprias tecnologias da informação e em benefício do desenvolvimento destas – o que, portanto, pode ser definida como uma atividade tecnológica.

Desta forma, cabe indagar se a Teoria de Comunicação Social, ao conceituar tal atividade classificadora em redes como conhecimento-insumo – um valor econômico ou sócio-econômico – não estaria incorrendo numa projeção pelo utilitarismo para o domínio dos símbolos sociais daquela potenciação do conhecimento técnico?

Formulando de outro modo: não estaria revalorizando uma “noção tecnológica do conhecimento” (atividade tecnológica impulsionando o desenvolvimento das próprias tecnologias da informação) ao invés de sua compreensão sociológica?

Em conseqüência, no sentido dessa noção tecnológica do conhecimento, e antes de configurar um fenômeno de comportamento, a “cultura do compartilhamento” seria o modo pelo qual o desenvolvimento das tecnologias da informação se beneficia da mudança dos papéis na indústria cultural e vice-versa.

Não que a projeção pelo utilitarismo careça de procedência ou deva ser repelida como estranha ao objeto da Teoria de Comunicação Social. Pelo contrário: antes de prejudicar a mirada sobre a mídia e as tecnologias da informação, o utilitarismo moderno a favorece, na medida em que constitui uma filosofia pública preconizando que “as ações publicas só possam ser julgadas pelas conseqüências benéficas que elas possam ter” para a vida em comum.

Como se sabe, a defesa de um ‘utilitarismo liberal’ como filosofia pública é notada por alguns estudiosos como uma idéia que já pode ser encontrada em John Stuart Mill. Admitem-se as seguintes orientações:

(a)-que o fato do utilitarismo não incentivar “o cumprimento indiscriminado de promessas e a expressão da verdade”, embora seja fatal no nível social, seria pelo menos aceitável no nível político-público;

(b)-que a noção vaga de “felicidade” ali adotada seria um modo de criar “um espaço de negociação entre interesses diferentes e conflitantes, respeitando as tendências pluralistas das sociedades contemporâneas”, tanto mais que “a variedade das escolhas aumenta a possibilidade da felicidade, principalmente numa sociedade pluralista”;

(c) – que o utilitarismo das ações ao nível moral é ineficaz e tem resultados contra-intuitivos [o imperativo de que cada ação deva ser ponderada de forma que maximize a felicidade do maior número não garante contra os abusos].

(d) – que o utilitarismo liberal é um utilitarismo político que pode (deve) ser eficaz e cujos resultados contra-intuitivos são bloqueados pela sua vertente liberal.

Por fim, admite-se que as idéias de democracia, progresso e de direito à escolha são três idéias enraizadas na cultura pública que podem ser explicadas em termos utilitaristas [a democracia pode ser vista como uma espécie de Utilitarismo aplicado, na medida em que, sendo o governo da maioria, defenderá os interesses do maior número].

Assim sendo, o utilitarismo liberal está longe de ser uma proposta inconsistente e a idéia de que uma das funções da política é promover o bem-estar humano encontra nele uma justificação teórica adequada ([5]) (Cf. Bizarro, Sara: 2001).

Do ponto de vista da sociologia, o termo conhecimento não é utilizado para representar atividade de outra ordem (como a inteligência artificial, no sentido amplo deste termo) nem encobre afirmação de valores morais ou filosóficos. Do que foi dito acima, a atividade de selecionar e classificar as informações recebidas das redes com o fim de fabricar, confeccionar ou elaborar produtos que retornem as informações para as redes é com certeza conhecimento técnico.

Todavia, se essa atividade assimilando um incremento de ordem tecnológica pode ter o efeito de beneficiar o desenvolvimento sustentado das próprias tecnologias da informação e vice-versa é um valor sócio-econômico que já extrapola e é exterior ao nível do conhecimento propriamente dito, ainda que ao mesmo apareça acoplado. A atividade que se desenrola em prolongamento da ferramenta tecnológica incorpora um incremento (“accroissement”) estranho aos juízos cognitivos.

Ainda que, na sua simbolização como compartilhamento, se possa falar de uma “apreensão” indireta relativamente ao ciberespaço, está claro que, sendo este último uma extensão dos conteúdos única e exclusivamente lógico-numéricos, não se trata das amplitudes concretas apreendidas na experiência humana, base dos objetos do conhecimento, haja vista a parte que cabe às máquinas inteligentes em tal “apreensão”, ou melhor, interação cibernética.

A sociologia do conhecimento como disciplina das Ciências Humanas já mostrou que a capacidade cognitiva de encontrar correlações e tirar inferências gera-se no espaço da sociabilidade – verificado e confirmado pelo coeficiente existencial do conhecimento de que nos falará Gurvitch na “Segunda Parte” deste ensaio (ver adiante).

É no espaço da sociabilidade, ou melhor, nas amplitudes concretas da percepção coletiva que está mergulhado o mundo exterior, espaço que já é apreendido nos Nós, forma de sociabilidade esta última que, por sua vez, constitui o primeiro foco da experiência humana (ver: Gurvitch, 1962).

De fato, em acordo com esta orientação, na elaboração da explicação em sociologia, o sociólogo descreve e aplica os diversos procedimentos relativista-dialéticos de intermediação que ele encontra na própria realidade social descoberta, para fazer ressaltar o acordo ou desacordo do conhecimento em correlações funcionais com os quadros sociais.

Essa atitude de descrever correlações exclui qualquer “invencionismo” e não induz a “deformação” alguma, mas pode certamente favorecer a diminuição da importância do coeficiente existencial do conhecimento pela tomada de consciência. A liberdade humana como escolha, decisão ou criação, antes de se limitar ao indivíduo, em particular ao sociólogo, se afirma também nas manifestações coletivas as quais, elas mesmas, estruturam a realidade social que por isso não pode ser mais do que “descoberta” pelo sociólogo (e não inventada).

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Segunda Parte:

Em busca da sociologia do conhecimento

4 de agosto de 2009

Fragmentos Monográficos

OUSADIA NA CONCEPÇÃO DA MONOGRAFIA


Por
Jacob (J.) Lumier
Maio de 2009

Alguns pragmatistas sustentam que o pesquisador iniciante deve ser advertido quanto à idealização da monografia como obra intelectual.

Frequentemente dizem que é preciso acautelar-se para não projetar a imagem de grande obra nem o sonho da obra perfeita, evitando tomar a monografia como a realização desejada para acertar suas contas diante dos males da vida presente.

Com esta orientação exagerada, pretendem aqueles reprimir a ousadia na concepção original da monografia e conter o pesquisador iniciante em sua aspiração para investigar os grandes problemas.

Ora, não há dúvida que uma dose de pragmatismo deve ser observada em qualquer atividade produtiva para imprimir-lhe a qualidade da utilidade.

Nada obstante, na criação intelectual revela-se indispensável uma boa dose de ideal, sobretudo em uma realização do talento individual como o é a autoria de uma monografia.

Ousadia não é sinônimo de sonho perfeccionista ainda que, como se sabe, a perfeição seja liminarmente almejada em toda a arte composicional.

Muitas vezes, é verdade, pode ocorrer que o pesquisador iniciante como indivíduo humano vivendo realidades com múltiplas facetas se deixe levar pelas carências existenciais e se envolva emocionalmente na imagem da grande obra para reafirmar sua auto-estima.

Mas a reação a esse psicologismo não deve levar ao desprezo do ideal de autor nem o ideal de bela obra. Pelo contrário. Estamos na companhia de filósofos influentes quando afirmamos que o ideal da filosofia da arte é imprescindível à concepção original da monografia como aspiração para investigar os grandes problemas.

►Deste ponto de vista e para os fins de reflexão, igualmente ao artista, o autor de obra intelectual literária, incluindo o ensaio monográfico, pode ser equiparado ao fator de mediação pelo qual a matéria trazendo a forma em-si vem a ser objeto de realização.

Quer dizer, no fundo a identidade do autor como tal é a criação.

Tal a referência que não deve ser sublimada na transmissão do conhecimento, haja vista a monografia não só como trabalho científico em geral, mas como produção intelectual em que se compõe experimentação e comunicação social, deste modo superando em sua ambigüidade a mera reprodução do “já dito“, que é standardizado no mundo das indústrias culturais.

Certo, sabemos que certas correntes filosóficas do final do século 20 sustentaram além da inutilidade o caráter inócuo do conhecimento produzido: “nada haveria para ser dito”.

Envolvida no mundo da comunicação e da indústria cultural, a produção do conhecimento aconteceria no vazio de significação e nada acrescentaria à experiência humana propriamente dita.

Em realidade, pela revalorização desta corrente pessimista encontramos novamente o posicionamento pragmatista reforçado, repelindo todo o ideal de autor em relação à concepção original da monografia como aspiração para investigar os grandes problemas.

Tal o posicionamento que reflete o mundo da indústria cultural.

Por contra, através da forma monográfica de expressão associada ao ensaio de crítica da cultura, não é difícil notar que se torna possível expor a análise e a compreensão do fenômeno da indústria cultural.

Tanto é assim que um notável pensador do século vinte como Theodor W. Adorno promoveu a seguinte orientação: “Escribe ensayísticamente el que compone experimentando, el que vuelve y revuelve, interroga, palpa, examina, atraviesa su objeto con la reflexión, el que parte hacia él desde diversas vertientes y reúne en su mirada espiritual todo lo que ve y da palabra todo lo que el objeto permite ver bajo las condiciones aceptadas y puestas al escribir.” (…) “El ensayo es la forma de la categoría crítica de nuestro espíritu. Pues el que critica tiene necesariamente que experimentar, tiene que establecer condiciones bajo las cuales se hace de nuevo visible un objeto en forma diversa que en un autor dado; y, ante todo, hay que poner a prueba, ensayar la ilusoriedad y caducidad del objeto; éste es precisamente el sentido de la ligera variación a que el critico somete el objeto criticado(Cf. Max Bense: “Uber den Essay und seine Prosa”, apud Theodor W. Adorno: “Notas de Literatura“, trad. Manuel Sacristán, Barcelona, Ed. Ariel, 1962, pp. 28 e 30 ). Em duas palavras, o autor de ensaios dedica-se a cultivar, sobretudo uma atitude experimental.

Em face desta compreensão não há exagero em assinalar que a orientação pragmatista extrapola ao situar o problema da concepção original da monografia desde o ponto de vista da indústria cultural, deixando na sombra o papel da criação reservado à acentuação do ideal de autor e sua aspiração para a bela obra.

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DESTAQUE DAS PRINCIPAIS DICAS NA

CONCEPÇÃO E PREPARAÇÃO DA MONOGRAFIA:

► Na concepção original da monografia é aconselhável não reprimir a ambição da grande obra e cultivar a aspiração para investigar as grandes questões. É recomendável formular propósitos de elaboração abrangentes e de amplo espectro visando redefinir as concepções referenciais da disciplina ou da interdisciplinaridade aplicada.

►Vantagens de uma concepção original ousada:

· Favorece uma atitude de abertura e compreensão para (a) – ler as teorias e autores mais produtivos ou mais debatidos na bibliografia selecionada; (b) – tirar proveito dessas leituras em termos de observações e comentários formuladores de linhas de pesquisa.

· Favorece a formulação de um esquema bem simples dos principais eixos da matéria, dos quais serão tirados e nos quais serão integradas as linhas de pesquisa.

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©2007-2009 Jacob (J.) Lumier

Etiquetas: conhecimentos universitários, metodologia científica, monografia

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PRELIMINARES À SOCIOLOGIA DO CONHECIMENTO

TÓPICO PRIMEIRO:

O DESVIO DA SOCIOLOGIA DO CONHECIMENTO NA OBRA DE KARL MANNHEIM

POR

JACOB (J.) LUMIER

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Alguns estudiosos dizem-se críticos da sociologia do conhecimento e preterem sua relevância pedagógica como disciplina científica porque equiparam-na indevidamente ao behaviorismo e às abordagens meramente psicológicas do conhecimento.

Via de regra atribui-se como representativa a proposição exagerada de que a “validade das teorias científicas pode ser reduzida aos interesses que desempenharam um papel na sua geração”, como se a sociologia do conhecimento adotasse uma axiomática da causalidade.

Desta forma cultiva-se uma imagem restrita da nossa disciplina, tida equivocadamente como exclusivamente causal, imagem esta que, em toda a evidência, tem a ver com uma simplificação imprópria da sociologia do conhecimento identificada ao neo-hegelianismo de Karl Mannheim.

Autor muito influente nos Estados Unidos[1] com sua obra Ideologia e Utopia [2] e sua compreensão de que todo o conhecimento é ligado a questões práticas, Mannheim comprometeu seu pragmatismo.

Além disso prejudicou a autonomia e o prestígio científico da sociologia do conhecimento de que ele foi o mais notado incentivador na primeira metade do Século Vinte ao elaborar um enfoque inteiramente baseado na concepção hegeliana conservadorista, tomando o saber como instrumento de adaptação do mundo dos valores ideais às situações existentes ao longo da história.

Trata-se de uma posição filosófica preconcebida submetendo o princípio de sua sociologia que, ao contrário do que se poderia conjecturar, afirmava a determinação social do pensamento em razão do hegelianismo e não em resultado das pesquisas concretas.

Mas não é tudo. Combinada a essa concepção do saber, tido por meio de adaptação dos ideais como conjunto das obras de civilização (incluindo a arte, religião, direito, moralidade, educação, e o próprio conhecimento), Mannheim faz por segregar sua célebre representação de um sujeito com plena ciência desta faceta instrumental do conhecimento.

Vale dizer, projetando uma ciência desse saber adaptando às situações existentes na história, Mannheim se representa um “estrato desamarrado, relativamente sem classe” por ele chamada “intelligentsia socialmente desvinculada” capaz de salvaguardar a perspectiva do todo e o interesse pelo todo – em realidade um todo previamente alcançado com a tomada de posição filosófica pró hegelianismo.

Ademais, cabe notar que esse posicionamento recusando as amarras sociais como desfavoráveis a um saber do todo faz lembrar a pesquisa social sobre o sentimento de imperfeição do mundo nas classes subalternas, comentada por Max Weber [3].

Por uma abordagem ou por outra, pelo viés da concepção conservadora do saber ou pelo desvio da recusa de amarras sociais, a verdade é que não se pode aplicar a sociologia de Mannheim sem levar em conta o problema crítico cultural da transposição do hegelianismo ou do conservadorismo hegeliano em ideologia revolucionária no século 20, do que o melhor exame foi proposto por Ernst Cassirer em “O Mito do Estado[4] .

Em suma, à luz da nova sociologia do conhecimento proposta por C. Wright Mills e desenvolvida por Georges Gurvitch, sobressai que o neo-hegelianismo de Mannheim levou ao fracasso sua orientação, absolutamente inaproveitável em uma sociologia comprometida com a explicação das questões públicas.

(continua)


[1] Gurvitch, Georges (1894-1965): “Problemas de Sociologia do Conhecimento”, In Gurvitch (Ed.) et Al. ”Tratado de Sociologia – Vol.2”, Trad: Ma. José Marinho, Revisão: Alberto Ferreira, Iniciativas Editoriais, Porto 1968, Págs.145 a 189 (1ªedição Em Francês: PUF, Paris, 1960). Cf.pág. 161.

[2] Mannheim, Karl: « Ideologia e Utopia: uma introdução à sociologia do conhecimento », tradução Sérgio Santeiro, revisão César Guimarães, Rio de Janeiro, Zahar editor, 2ªedição, 1972, 330 pp. (1ªedição em Alemão, Bonn, F.Cohen, 1929; 2ªedição remodelada em Inglês, 1936).

[3] Wrigth Mills, C. e Gerth, Hans – Organizadores : « Max Weber : Ensaios de Sociologia », tradução Waltensir Dutra, revisão Fernando Henrique Cardoso, 2ªedição, Rio de Janeiro, Zahar, 1971, 530 pp.(1ªedição em Inglês : Oxford University Press, 1946). Cf.págs.318 sq e 409 sq.

[4] Cassirer, Ernst: “O Mito do Estado”, trad. Álvaro Cabral, Rio de Janeiro, Zahar editor, 1976, 316 pp. (1ªedição em Inglês, Londres, 1946).

26 de junho de 2009

Divulgação Científica

Mensagem divulgada na Web da OEI

= Em relação à divulgação científica, há como se sabe uma orientação que visa não só a possibilidade de acesso e a aquisição da informação, mas pretende promover a formação do cidadão, no sentido de que ele possa ter opiniões e uma visão crítica de todo o processo envolvido na produção do conhecimento científico com sua circulação.

O espaço iberoamericano do conhecimento pode dar lugar a esta orientação.

= Ao longo do século vinte, devido à acentuação do vínculo que enlaça o conhecimento aos quadros sociais, tornou-se extremamente difícil esperar, no caso das ciências humanas e sociais, que o público não-profissional acolha a distinção metodológica entre (a) as proposições testáveis ou “formulações irrealistas” dos sociólogos científicos, feitas “no interesse da boa teoria científica” – como o postulado do comportamento que se conforma aos papéis sociais – por um lado e, por outro, (b) as afirmações de valor sobre a natureza do homem, que sejam atribuídas como decorrentes ou implícitas naquelas proposições teoréticas.

= Os postulados deliberadamente irrealísticos de uma teoria (conjectural) científica implicam uma divergência fundamental do mundo do senso comum que está no cerne da “contradição” entre esse “mundo do senso comum” e a ciência. Esta, por sua vez, ao mesmo tempo em que acolhe a inadequação de um argumento puramente lógico – a lógica da pesquisa científica sendo especificamente baseada na incerteza fundamental do conhecimento humano – não é possível sem a publicidade .

= Daí as duas orientações complementares:
(a) – se é o caráter profissional que se impõe ao público da ciência, há compreensão da distinção sutil entre as afirmações entendidas em modo realista (ingênuo) e os postulados deliberadamente irrealísticos. Então, a classe do conhecimento científico prevalece na comunicação ou divulgação.
(b)- Se, pelo contrário, é o caráter não-profissional que se impõe há “não-compreensão”, e a classe do conhecimento do senso comum prevalece, com a atribuição de uma imagem sobre a “natureza do homem” sendo afirmada em um “falso saber”.

Veja a mensagem na Web da OEI

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25 de junio de 2009

22 de junho de 2009

Proyecto Iberoamericano de Divulgación Científica

Proyecto Iberoamericano de Divulgación Científica

José A. López Cerezo/OEI-AECID/DICYT

Es difícil exagerar la importancia de la ciencia en el mundo actual. La sociedad del conocimiento, la edad de la información, la economía de la innovación, son frases de moda que podemos encontrar en documentos políticos, literatura especializada y los medios de comunicación más diversos.

No son términos vacíos: hacen referencia a las nuevas realidades y potencialidades del mundo contemporáneo, donde la ciencia y la tecnología se han convertido en fundamento de la productividad, de las políticas públicas e incluso han cobrado un papel protagonista en la experiencia personal. Se trata no obstante de un mundo que tiene un lado más sombrío, el lado de los riesgos y de las amenazas.

Crisis y amenazas como las de las vacas locas, petroleros a la deriva, centrales nucleares mal conservadas o el cambio climático también ponen periódicamente de manifiesto el lugar central que, para bien o para mal, ocupa hoy conocimiento científico y el desarrollo tecnológico en nuestra sociedad.

El extraordinario poder preventivo que ofrece la ciencia, y las crecientes posibilidades de manipulación que hace posible la acción tecnológica, ha transformado los peligros del pasado en los riesgos actuales, sustituyendo las desgracias inevitables de entonces por daños reales o potenciales que producen indignación y son objeto de atribución de responsabilidad.

Pero no sólo ante posibles daños catastróficos se manifiesta el valor del conocimiento en la conducción de nuestras vidas. Al tomar una aspirina, conducir un coche, encender un ordenador, decidirnos por la ternera en el supermercado, o pedir un refresco light, hacemos uso cada día de enormes volúmenes de información técnica sobre las propiedades de ciertas sustancias, sobre sus riesgos y beneficios, sobre el funcionamiento de sistemas técnicos y otros muchos elementos del entramado científico-tecnológico en el que hoy se desenvuelven necesariamente nuestras vidas. Sobre esa información, en ocasiones contradictoria y con frecuencia incierta, tomamos las decisiones que paulatinamente van construyendo nuestro futuro. Son facetas de lo que hoy se conoce como “sociedad del riesgo”: el lado oscuro de la también conocida como “sociedad del conocimiento”. El mismo conocimiento que hace posible vivir un futuro abierto de posibilidades tecnológicas es el que genera un mundo nuevo de amenazas, aunque se trata de amenazas, irónicamente, con frecuencia identificadas por esa misma ciencia y a las que sólo ésta puede hacerles frente con ciertas expectativas de éxito.

Es este estado de cosas, la presencia y extensión de esas sociedades del riesgo y el conocimiento, el que hace hoy de la ciencia un elemento clave para el ejercicio de la ciudadanía. Muchos de los asuntos públicos más candentes, y un gran número de acciones y decisiones de la vida cotidiana, están relacionados directamente con los usos del conocimiento científico o con impactos del desarrollo tecnológico.

La telefonía móvil, Internet, la aviación comercial o las agendas electrónicas son aspectos llamativos de la presencia de la ciencia en nuestras vidas; pero también la televisión, la planificación de dietas, la visita al médico, el desplazamiento en metro, el consumo de agua clorada o simplemente el uso de tejidos sintéticos al vestirnos, tan familiares ya como el decorado de nuestras casas. No son fenómenos social o individualmente inevitables; son simplemente expresiones del camino que la ciencia y la tecnología están siguiendo de hecho. El riesgo no es el precio del progreso, es el peaje que pagamos por las opciones que elegimos para el desarrollo. Si no nos gusta todo lo que vemos, cambiémoslo pero no demos la espalda al presente. Vivir de espaldas a la ciencia es renunciar al juicio propio en los asuntos públicos e incluso al protagonismo de nuestras propias vidas, es vivir en los márgenes de la democracia y optar por el sonambulismo.

18 de junio de 2009

Reproduzido por Jacob (J.) Lumier

Fonte: Web da OEI

22 de junho de 2009

Conceito de cultura científica e sua influência na forma de divulgação científica


Há um conceito bastante difundido de que cabe à divulgação científica preencher uma lacuna de informação que o leigo não tem em relação à ciência, isto é, que o leigo é, portanto, analfabeto cientificamente. Por isso os norte-americanos chamam essa atividade de scientific literacy, que é alfabetização científica, isto é, tornar, portanto, o leigo informado das questões da ciência.

A partir de surveys e enquetes sobre essa questão, notaram que também nos Estados Unidos o percentual da população que tinha informação sobre muitas questões, eventos ou fatos científicos era relativamente pequeno. Esse déficit de informação – teoria do déficit – orientou durante muito tempo as atividades de divulgação. O que cabia à divulgação científica? Cabia suprir o déficit de informação da população leiga em relação à ciência. Portanto, considerava-se como pressuposto que a população leiga era ignorante do ponto de vista científico e era preciso então levar a ela o conhecimento.

Com o decorrer das atividades em vários países, na Inglaterra, na França, na Europa de modo geral, e com o reflexo disso em países como o Brasil, essa teoria do déficit foi sendo substituída por uma visão mais democrática do papel da divulgação científica. Nessa visão, não cabe à divulgação científica apenas levar a informação, mas também atuar de modo a produzir as condições de formação crítica do cidadão em relação à ciência. Não só cabe à divulgação a aquisição de conhecimento e informação, mas a produção de uma reflexão relativa ao papel da ciência, sua função na sociedade, as tomadas de decisão correlatas, fomentos, aos apoios da ciência, seu próprio destino, suas prioridades e assim por diante. Isso vai além da atitude inicial, na qual o cientista era o sábio, o cidadão era o ignorante e o jornalista científico ou divulgador da ciência era o construtor da ponte entre essas figuras, de maneira a suprir o tal déficit de informação. Essa visão foi sendo enriquecida.

E, na Inglaterra, desenvolveu-se o que se chama public understanding of science, que é diferente do scientific literacy, do ponto de vista americano e, em seguida, um conceito que é ligado ao primeiro, mas um pouco diferente, que é o public awareness of science. Um é o entendimento público de ciência, e o outro é a consciência pública da ciência.

Nesses casos, o que está sendo enfatizado não é só a aquisição da informação, a possibilidade de acesso à informação, mas a formação do cidadão no sentido em que ele possa ter opiniões e uma visão crítica de todo o processo envolvido na produção do conhecimento científico com sua circulação e assim por diante. Esse é um conceito relacionado à cultura científica que modifica os modos de se fazer e pensar a própria divulgação.

Leia o texto completo em revista ComCiência

21 de junho de 2009

A MONOGRAFIA COMO FORMA DE COMUNICAÇÃO E TRABALHO CIENTÍFICO

Comentário
Sobre a especificidade da arte de compor uma monografia, como forma racional de comunicação da pesquisa em disciplina científica, utilizada nas instituições do ensino superior.
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Pontos de embasamento para o Grupo Oficina da Monografia


por
Jacob (J.) Lumier

Autor de ensaios sociológicos
Rio de Janeiro, início de 2007.

ABSTRACT:
A monografia é trabalho científico na medida em que compreende descoberta e verificação/justificação, mas é igualmente forma racional de comunicação comportando, por isso, por esse enlace de experimentação e comunicação, uma diferença específica apreendida como arte de compor a que se ligam profundas implicações decorrentes da condição de publicidade do trabalho científico que devem ser levadas em conta sempre que se trata da difusão do conhecimento.


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Primeiro Ponto
O estudioso que tenha lido os ensaios de Ralf Dahrendorf nos anos 70/80 (“Ensaios de Teoria da Sociedade”, Zahar, Rio) terá com certeza, notado as profundas implicações da condição de publicidade do trabalho científico sobre o conhecimento. Terá visto que grande parte dos mal-entendidos a respeito de certas obras ou teorias científicas tem muito a ver com o fato de sua exposição a todos os tipos de públicos, muitas vezes composto não só de leigos, mas de gente alheia à formação nas ciências humanas.
Se a condição de publicidade é inerente ou não ao modo de produção científico ou se esta questão deve ou não ser restringida aos estudiosos é um tema que extrapola o domínio do pensamento científico para lançar-se no âmbito da comunicação social, já que a obra impressa e, depois do advento da Internet, o livro eletrônico (“e-book”) é um produto cultural do qual
a atividade científica não saberia distanciar-se.

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Segundo Ponto
O trabalho científico se realiza como documento escrito e comunicado: tal é a verdade que não pode ser disfarçada. Ao ser comunicado, toma impreterivelmente na Monografia uma forma racional de composição que lhe é própria, enlaçando experimentação e comunicação, sobre a qual se confeccionaram historicamente as Revistas de Artigos e os Livros por esse enlace reconhecidos como publicações científicas. Há, portanto, dois momentos no desempenho da prática científica: o trabalho científico propriamente dito, de que se ocupa a Epistemologia; e a comunicação da pesquisa, que a Metodologia, como disciplina filosófica geral, busca incorporar de modo aplicado como Metodologia da Pesquisa ou Metodologia Científica. Cultiva-se em modo recorrente a expectativa de que é pelo estudo dessa metodologia aplicada que a formação do pesquisador-autor-iniciante pode chegar a bom termo e efetuar a passagem do nível epistemológico para o nível da
comunicação.

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Terceiro Ponto
Todavia, com a honrosa exceção de Ralf Dahrendorf, como mencionado, é raro encontrar quem atribua relevância específica ao nível da comunicação no desempenho da prática científica, sendo admitido que a composição da Monografia resultará quase de modo automático mediante a observância de certas técnicas de preparação do relato da pesquisa, cujo material produzido com o auxílio dessas técnicas deverá ser processado na elaboração do pesquisador, como autor de tal composição, largado este, porém, ao seu suposto desejado talento individual para fazê-lo, haja vista o branco a respeito de elaboração e composição que predomina na disciplina de Metodologia da Pesquisa.

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Quarto Ponto
Ora, como é sabido, nos países de não muita tradição literária é grande o número de candidatos na pós-graduação que não apresentam a Monografia, já bastante reduzida quanto à sua extensão exigida, tendo eles cursado não só as disciplinas conexas à sua disciplina principal, mas a Metodologia da Pesquisa ou Metodologia Científica. Não que seja equivocada aquela percepção de que o nível da comunicação é desprovido de especificidade do ponto de vista da realização do trabalho científico, mas, sim, que o nível da comunicação escapa aos critérios estritamente circunscritos a esse ponto de vista. Aliás, a Metodologia da Pesquisa por si só, como disciplina científica orientada para o problema da preparação da monografia, não tem a “obrigação” de ensinar sobre o nível da comunicação social, nem porque compreender a pessoa encarregada de preparar a monografia como um autor, como um pesquisador-autor iniciante neste ofício.

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Quinto Ponto
Há, pois uma lacuna na oferta dos subsídios e das ferramentas necessárias ao bom desempenho do pesquisador ao ser colocado na contingência de elaborar como autor a sua monografia. E não se trata só de subsídios a serem ofertados por uma disciplina científica num ambiente de sala de aula, mas, sobretudo trata-se de procedimentos composicionais a serem ofertados ou exercidos no ambiente aplicado de uma oficina, como instância de praticidade da produção cultural, haja vista que o nível da comunicação é conexo à atividade artística, sendo este o caso da composição literária da Monografia como forma racional enlaçando experimentação e comunicação.


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